Nosotros

Somos un movimiento  en gestación, que busca consolidar una identidad que emane desde el centro y que recoja las raíces de un Humanismo Cristiano abierto al desafío de una  vida humana plena y que  también busca responder a los retos que la postmodernidad implica, para la política y su quehacer en el siglo XXI.

Buscamos ser una respuesta adecuada a los sucesivos procesos de cambio que experimentan nuestras sociedades, junto con hacerse cargo de los fenómenos  del individualismo, del populismo y del deterioro de la política, que hoy se traducen en una amenaza a la democracia.

A su vez, queremos recuperar el inmenso patrimonio que representa la vida, la integridad y la dignidad humana. Afirmamos que ha llegado el tiempo de aportar nuevos sueños para un  mundo nuevo, donde con amistad cívica superemos positivamente instrumentos tradicionales.

Se trata de construir comunitariamente un nuevo espacio para el encuentro, y una nueva alameda para un buen camino. Como personalistas que somos, queremos con las personas madurar. Y con las personas crecer y crear: Un Nuevo Centro Humanista y Reformista.

Nos declaramos orgullosamente humanistas cristianos, cuya fuente es el amor que se dona sin condiciones. Ese amor trascendente, incluye el ejercicio de un realismo que entiende que sus efectos, además de edificar y favorecer al conjunto de la sociedad, también enaltecen a quien lo práctica.

Queremos servir a la ciudadanía construyendo Un Nuevo Centro para el Encuentro. Un Centro para ciudadanos, militantes, voluntarios, simpatizantes e independientes.

Nuestra Identidad

1. El centro es la persona humana y su desarrollo. Toda persona es un ser trascendente, espiritual, racional, libre, único, irrepetible y eminentemente social. La persona y sus derechos humanos son anteriores a la sociedad y le dan sentido y existencia a ésta, partiendo por el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural. La centralidad en la persona se debe expresar en todo el quehacer del Movimiento, asumiendo la norma personalista de la acción, como un concepto característico de su quehacer concreto. Esta centralidad nos otorga una base ética clara y convocante.

2. La comunidad es un espacio indispensable. La dimensión social de la persona, requiere de espacios privilegiados donde esta pueda vivir y que estén dotados de condiciones de reciprocidad gratuita, fundados en el afecto o la solidaridad y que estén por tanto exentos de todo interés o búsqueda de compensación. Creemos que la persona se realiza en el encuentro comunitario, encuentro que nace en la familia pero que se proyecta hacia el resto de la sociedad. La felicidad humana está intrínsecamente vinculada al desarrollo comunitario y es por ello que la sociedad debe proteger y promover las comunidades, las asociaciones intermedias, los sindicatos, las agrupaciones de consumidores y pro ambientalistas y demás organizaciones territoriales y funcionales, así como contar con una activa participación en las decisiones políticas locales y gubernamentales. Los principios de subdiariedad y solidaridad son de la esencia del pensamiento del movimiento y están directamente relacionados con la promoción y defensa de los derechos de las comunidades.

3.- El Bien Común es nuestro Norte orientador. La persona para alcanzar su realización requiere satisfacer sus necesidades materiales, espirituales o aquellas que demanda el fruto de su inteligencia. Dicha satisfacción es posible lograrla en un medio en que se promueve y práctica el bien común, entendido como aquel que constituye el bien de todos y cada uno. La integración de los conceptos de persona, comunidad y bien común, se definen como el personalismo comunitario. Esto implica promover a la persona reforzando el valor y sentido de la comunidad. El individualismo y el estatismo limitan la libertad de las personas.

4.- Afirmamos como básico la existencia de la trilogía de los valores de Libertad, Justicia y Fraternidad. La libertad incluye siempre la responsabilidad. La Justicia en general y en particular la necesaria Justicia Social. La fraternidad es la síntesis que pone en práctica el respeto a toda persona y comunidad.

5.- Creemos en la democracia siempre. Como el sistema de organización y racionalización moral de la política más coherente con la dignidad y promoción de la persona. Afirmamos que la democracia nace en la historia, en buena parte como consecuencia de la ética cristiana, por lo que se nutre y sustenta en ella. La convivencia pacífica solo es posible en democracia. No creemos en la democracia del simple escrutinio y funcionamiento formal de las instituciones, sino en una democracia donde las personas participen activamente de la conducción del país.

6.- Los Derechos Humanos son la formalización de nuestra escuela personalista. Creemos que el sistema democrático es el único que garantiza la protección y promoción de los derechos humanos. Rechazamos toda dictadura o sistema autoritario, y la violación de los derechos humanos en cualquier lugar y sin distinción política.

7.- El pluralismo es consecuencia de una sociedad libre, en la que cada persona puede optar responsablemente por su modelo de vida y tiene plena libertad de conciencia. El Humanismo Cristiano es incompatible con los regímenes que suprimen la libertad de conciencia, de expresión y de prensa. La libertad nace de la dignidad de la persona y la democracia es el régimen que de mejor manera puede garantizarla. Dentro de este marco, promovemos un marco de valores que forman la base de la sociedad, la familia, el estado, la economía, las relaciones laborales y las relaciones entre las personas. Concebimos una sociedad pluralista, donde todos tienen su espacio y derechos, que prohíbe toda discriminación, violencia o abuso y que por ende comprende lo social, lo ideológico, lo cultural, lo étnico, lo económico y el género. Pluralismo no es sinónimo de relativismo ya que el socialcristianismo cree en un orden moral objetivo pero que exige una adhesión libre y en conciencia. Rechazamos el liberalismo dogmático que deja todas las definiciones morales, sociales y económicas en el libre arbitrio de los individuos, así como el conservadurismo coactivo que pretende imponer forzadamente valores que requieren en su base una adhesión en conciencia.

8. Creemos en una Economía Social de Mercado, que sea sustentable humana y ecológicamente. Capaz de impulsar un verdadero crecimiento con equidad. Ambos conceptos indispensables y concebidos como un mismo objetivo, solo uno de ellos, no asegura lo que se quiere lograr. Una Economía que comprende el rol del mercado como mejor asignador de recursos y un estado que estando al servicio del bien común, regula para corregir las inequidades del mercado, protege el medio ambiente y se preocupa de las generaciones futuras. La economía debe tener como finalidad el desarrollo permanente y sostenido, que permita superar la pobreza y mejorar la calidad de vida de todos los chilenos.

9. Propugnamos un desarrollo humano y sustentable. Lo hacemos por nuestra centralidad en la persona humana y por el respeto y afecto que sentimos por el orden de la creación. La persona no puede un simple instrumentalizador de la naturaleza, ni tampoco un ser fuera de esta o inferior a la misma. El desarrollo que integra crecimiento y equidad, que pone a la persona como primer objetivo de sus diversas políticas y medidas. Y que respeta la naturaleza, concibiendo al hombre como un ser parte de esta y por ende parte responsable de su preservación, constituyen parte determinante de nuestros compromisos y políticas. La persona es co-creador y no destructor de los recursos naturales y de su entorno. Preservar la diversidad, per se y pensando en los derechos de las generaciones futuras. Mejorar las calidades ambientales de vida de todos los seres, especialmente en las ciudades y centros de aglomeración de habitantes y familias. Es parte central de las tareas de la sociedad y sus ciudadanos.

10. La primera comunidad son las familias. Vemos en las familias el espacio fundamental para el desarrollo y realización de las personas. El primer núcleo de personalización y socialización. Por ello creemos que las políticas públicas y las acciones de quienes creemos en la persona y las comunidades, debe tener un privilegio especial en fortalecer las familias. Dado que existen diversas realidades familiares, todas deben tener su propio espacio de protección y promoción.

11. Creemos en la igualdad esencial entre el hombre y la mujer. Rechazamos toda discriminación de derechos, y por supuesto violencia o abuso que se funde en la diferencia de género. Trabajaremos por la no discriminación de la mujer en todos los planos. No aceptamos ningún tipo de violencia, abuso o acoso sexual, como tampoco una pretendida superioridad de sexo o cosificación de la mujer. Ello coherente con nuestro objetivo de humanizar: la acción de hacer humano, familiar y afable a las personas. Queremos generar igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en nuestro país.

12. Vocación por la Paz y la convivencia fraterna. El modo de enfrentar los conflictos, revelan el carácter de las personas y las sociedades humanas. Sostenemos la necesidad de la paz, asumiendo la diversidad, como elemento sustantivo de la condición humana. Debemos construir la paz respetando las diferencias individuales y respondiendo a la primacía del bien común. El bien común implica necesariamente que no puede existir una libertad ilimitada, esto es una condición de la vida en sociedad y se establece a favor del bienestar de todos, y de una convivencia estable y de largo plazo. Rechazamos la guerra y adherimos a la no-violencia, como método para convivir socialmente y para cuidar la vida en democracia.

13. Comprensión global de la ética humanista, nuestra vocación internacional. El Humanismo Cristiano, no es patrimonio de nadie en particular, es un bien público que promueve valores globales e impulsa una ética mundial. El movimiento que invitamos a conformar expresa una visión que busca trascender y vincularse con todas las instancias nacionales o internacionales que persiguen los bienes antes declarados.