Opiniones
OPINIÓN: La vigencia del socialcristianismo

Autor: Soledad Alvear V.
Medio: La Tercera
6 de junio de 2018

Durante las últimas semanas, han surgido voces cuestionando la vigencia del socialcristianismo, esgrimiendo para ello que las sociedades actuales – consumistas, individualistas y relativistas – impiden la existencia de una doctrina como la nuestra. Han dicho, además, que – habiendo desaparecido la lucha entre el marxismo ateo y el capitalismo salvaje- el socialcristianismo no tiene cómo posicionarse como alternativa a ellos. Sin embargo, omiten que mientras más alejadas se encuentran las sociedades de un ideario particular, más necesarios se tornan dichos idearios. Pero más relevante aún, desconocen que -alimentado por autores comunitaristas, personalistas, humanista-cívicos y republicanistas, así como por la doctrina social de la Iglesia- el socialcristianismo es un aporte fundamental para los debates éticos, políticos y sociales de nuestra era.

Por una parte, podemos distinguir un grupo de asuntos político-sociales que el socialcristianismo ha desarrollado en profundidad porque se juega en ellos el respeto a la dignidad humana, el rol de los cuerpos intermedios, el principio del destino universal de los bienes, entre otros. En esta categoría encontramos a fenómenos globales que afectan a millones de personas en el mundo, como la inmigración, la destrucción del medio ambiente y la precarización del trabajo. Son consecuencia del consumismo desatado y del individualismo que tan bien han descrito Zygmunt Bauman y Gilles Lipovetsky. Es un proceso que ha provocado, a la vez, la destrucción de las bases de la convivencia común, la transformación de las relaciones sociales y familiares, y la preeminencia del dinero por sobre los aspectos relevantes de la vida.

Asimismo, existe un grupo de asuntos ético-políticos contemporáneos en los cuales los principios señalados anteriormente se tornan igualmente importantes. Debates como la discusión sobre las intervenciones genéticas para optimizar capacidades cognitivas y físicas de los seres humanos, la inteligencia artificial, el desplazamiento de los trabajadores debido a la automatización, entre otros. Estas políticas públicas configurarán una nueva era, en que se tensionará aún más la relación entre tecnología y desarrollo humano, así como entre ciencia y fe. En cada uno de estos debates se requiere una visión del ser humano, de la sociedad, del mercado y del Estado que permita mejorar la calidad de vida de las personas sin perder la dignidad.

(Link al artículo en La Tercera)

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