Opiniones
Los huérfanos del centro

Por Diego Gonzalez Q.


Desde el retorno a la democracia, la distribución política del país ha estado marcado por el
“Sí y el No”. El sistema binominal no hizo más que perpetuar aquella separación como si de
un Muro de Berlín psicológico se tratara. En un comienzo por un lado quedó la DC junto a
sus socios de la concertación y el llamado “eje histórico PS-DC” que le dio estabilidad al
periodo de transición y que probablemente en los comienzos tenía concentrado casi en su
totalidad- si es que no completamente- al llamado “centro político”. Por el otro lado estaba
la derecha que defendía el progreso económico de los 17 años de dictadura y que miraba
para el lado cuando se hablaba de derechos humanos.
A medida que el tiempo fue pasando, esta barrera que mantenía al llamado “centro” de un
solo lado principalmente no fue siendo tan clara. Poco a poco se veían descolgados por un
lado, y por otro, matices que mostraban que la derecha no era una sola y que existía
diversidad. Elección tras elección ambos bloques mayoritarios se han disputado el sector,
especialmente cuando las segundas vueltas fueron siendo la normalidad. En estos últimos
años se ha hecho común escuchar que ambos conglomerados se autodenominen
“centroizquierda” y “centroderecha”, especialmente después de la aparición de grupos
políticos al extremo de ambos bandos. Hoy esos grupos en los extremos se disputan la
presidencial.


En 1999, en la segunda vuelta de Lagos-Lavín, un pequeño partido llamado Unión de Centro
Centro hacía noticia al quebrarse prácticamente en la mitad al querer definir el apoyo
partidario a uno de los candidatos. Décadas después, con la candidatura de Andrés Velasco
se veía surgir en nuevo referente de centro, Fuerza Pública- que luego pasó a ser el partido
Ciudadanos- el cual se quebró prácticamente en la mitad cuando tuvo que definir su apoyo
a Piñera o Guillier. Por otro lado, la DC -partido insigne del centro político- ha ido
disminuyendo cada vez más con el paso de los años, coincidentemente en la medida que
sus ideas se vuelven más de izquierda: El año 2007 Adolfo Zaldívar fue expulsado de la DC
por no estar cómodo en la concertación y con la fuga de militantes se creó el PRI; Mariana
Alwyn renunció al partido con su movimiento “Progresismo con Progreso”; y Soledad Alvear
y Gutenberg Martinez también renunciaron y crearon “Comunidad en Movimiento”. No me
extrañaría que a Carolina Goic la terminen expulsando también por haber sido la única que
tuvo la valentía de votar en contra un mal proyecto como el cuarto retiro de las pensionesque
todos sabían que era malo-, pero que por razones electorales estuvieron dispuestos a
apoyar.


¿Qué ha sucedido en la vereda del frente? Un intento fallido de una nueva derecha se dio
con Amplitud, partido escindido de Renovación Nacional. Mejor suerte ha tenido Evopoli
con su “derecha liberal”, y en el último tiempo ha despertado la atención de muchos un
sector de Renovación Nacional liderado por Monckeberg y Desbordes, que junto a Hugo
Herrera pusieron en el tapete su llamada “derecha social”, la que votó apruebo, y que se ha
mostrado abierta a realizar cambios al modelo en la Convención Constitucional; una
derecha al estilo de los partidos demócratas europeos y que ponen como referencia a seguir
a Konrad Adenauer. No se puede dejar de mencionar también, que el candidato del
oficialismo en primera vuelta – Sebastián Sichel- fue justamente uno de los que venía de la
separación de Ciudadanos, con un paso previo por la DC, y que era apoyado por Progresismo
con Progreso. De hecho, su apuesta desde las primarias fue decir que era un candidato de
centro e independiente y no de la derecha tradicional.


¿Qué ha pasado desde el 21 de noviembre post primera vuelta? Nuevamente el centro se
ve presa de un desgarro a la mitad desde sus costados. Evopoli llama a votar por Kast con
el dolor de su alma, Desbordes declara que ante la dicotomía de Boric o Kast, mejor ser
pragmático y votar por el mal menor. La Democracia Cristiana, para no quedar como
“vendidos” con la izquierda, hace un llamado a votar por Boric, pero al mismo tiempo ser
oposición a su futuro gobierno. El centro está más huérfano que nunca estas semanas. Está
la opción de votar por la izquierda, que entre sus miembros principales tiene al Partido
Comunista que aún defiende lo que pasa en Cuba, Nicaragua y Venezuela, y por el otro lado
tenemos a quienes- les guste o no-, están siendo bien representados por Johannes Kaiser.
Así dada las cosas pareciera más adecuado y consecuente el llamado a votar nulo o blanco
de Comunidad en Movimiento.


Ante esta situación y pensando en el futuro, ¿Por qué no de una buena vez, los actores del
centro político se ponen de acuerdo y en vez de ser nuevamente separados por la izquierda
y derecha, se aglutinan en un conglomerado sólido y son ellos quienes logren quebrar a
quienes tienen a sus costados? ¿Por qué no pensar en una alianza política y programática
que vaya desde el Partido Radical por la izquierda a ese sector de Renovación Nacional de
Desbordes por la derecha, pasando por la DC, Ciudadanos, Comunidad en Movimiento,
Progresismo con Progreso, el PRI, Evopoli, etc.? Ya se vio este año en las primarias que a el
PS le comían las ganas de estar con el Frente Amplio; la UDI con un sector de RN día tras día
demostraron que se sentían mucho más identificados con Kast que con Sichel. ¿Por qué no
pensar en un gran conglomerado político que cautive a la mayoría del país que nos
consideramos personas de centro? Algunos dirán que lo propuesto es utópico, que los egos
al final son más fuertes. Pero ante la disyuntiva en que se encuentra el país en esta segunda
vuelta, ¿Por qué no soñar y dejar de quedar huérfanos en el centro?

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