Opiniones
OPINIÓN: Fortalecer el centro político

Autora: Soledad Alvear | Medio: La Tercera.

Hace una semana, dos entidades políticas de centro acordaron trabajar en conjunto y coordinarse en su acción ciudadana. Se trata de Progresismo con Progreso y Comunidad en Movimiento, que están coordinadas por Mariana Aylwin y por mí, respectivamente. Esta convergencia no debería resultar sorpresiva para quien observe con atención la realidad nacional, pues las dos agrupaciones comparten valores semejantes y muestran el mismo espíritu de moderación.

La afinidad que las une tiene hondas raíces, pues ambas se inspiran en el Humanismo Cristiano. Desde esa base promueven una defensa irrestricta de la dignidad de las personas, en toda circunstancia y bajo cualquier régimen político. Para hacer efectivo el respeto de esa dignidad, adhieren a la democracia como modo de resolver las inevitables diferencias que existen en una sociedad pluralista. Pero, en su concepción, la democracia no consiste solamente en la imprescindible tarea de contar los votos después de una elección. Ella involucra todo un proceso de diálogo, donde las distintas partes se enriquecen y la decisión que finalmente se adopta es el fruto, en la medida de lo humanamente posible, de una convicción común.

La democracia supone que existe la verdad, pero que nadie la posee en exclusiva. Por eso el diálogo resulta imprescindible. De ahí la ineludible necesidad de una amistad cívica, que sea ajena a la prepotencia y a las actitudes arrogantes. Con ella, todos los actores pueden reconocer el valor de los demás y su aporte a un sistema político donde la diversidad no constituye un obstáculo, sino un estímulo para una rica convivencia. La idea de pluralismo que está detrás del Humanismo Cristiano puede resumirse en una imagen que el Papa Francisco ha utilizado en diversas oportunidades: la verdad es “poliédrica”. Así, admitir la existencia de diversas aproximaciones a la realidad social no implica caer en el relativismo, sino admitir el carácter fragmentario de nuestros conocimientos, la necesidad de contar con los demás y la importancia de la tolerancia como actitud frente a quienes mantienen otras visiones del ser humano y la sociedad. Todo esto marca, desde un comienzo, una clara distancia frente a los populismos, sean de izquierda o de derecha. También exige mantener un juicio crítico respecto de todo tipo de dictaduras, y no emplear una medida para tratar a las autocracias de un signo y otra diferente para valorar a las de otro color político.

Un proyecto humanista cristiano tiende, por su propia naturaleza, a la moderación; además, es capaz de proponer una mirada a largo plazo, donde las necesidades del país son más importantes que el pragmatismo de quienes orientan su política al ritmo de las encuestas. Al mismo tiempo, tiene un carácter realista: prefiere la gradualidad a las medidas rupturistas, las políticas públicas fundadas en un estudio serio antes que las dictadas por urgencias. En un escenario polarizado, el fortalecimiento del centro político es una buena noticia para Chile.

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