Opiniones
OPINIÓN: La Comunidad del Fútbol.

Autor: Nelson Urrutia Z.

El fútbol, desde sus orígenes, ha estado ligado a una dimensión social estrictamente popular, dada sus características. Un deporte colectivo, donde dos equipos se enfrentan demostrando sus habilidades, estrategias y una suma de aptitudes individuales (22 jugadores en cancha, 11 por equipo). De este modo, el balonpie destaca por ser un deporte fuerte en materia de asociatividad, es que pareciera que para ser un buen futbolista no se debe tributar el individualismo, sino todo lo contrario, el trabajo en equipo, que podría ser traducido en comunitarismo. Ese es el espíritu real del deporte “rey”.

 

Como espectador, el fútbol aún es más potente, dado que ofrece identidades, lugares comunes entre la población, mismos que permitiran enarbolar ritos alrededor del espectaculo de 90 minutos. Esto explica el origen de las barras, del fanatismo y de las comunidades que apoyan a los equipos. Cada equipo, cada historia, tiene en sí misma una fuente inmensa simbolismos. En el caso de la selección chilena, sus efectos son multiplicados, en tanto al ser el “equipo de todos”, cuenta con una transversavilidad que impacta directamente en los estados de ánimo societales. Hay que recordar que luego de la dictadura, en momentos de transición, los triunfos simbólicos aportaron con dotar de esperanza los noventas. Inauguramos la década con el discurso del presidente Patricio Aylwin en el Estadio Nacional, haciendo un llamado de unidad al pueblo chileno a toda prueba; luego, en 1991, Colo-Colo se consagró como el mejor de América; en 1993, los jovenes de la sub 20 chilena obtendrían el tercer lugar del mundial de la categoria en Japón; la dupla Za-Sa nos regalaría una década llena de goles, mismos que nos llevaron al mundial de  Francia 1998, donde de forma previa le ganamos a Inglaterra en Wembley por 2 a 0, y que luego cimentarian las bases para ese inolvidable tercer lugar en los Juegos Olímpicos de Sidney en el 2000.

 

Los hitos anteriormente mencionados nos ayudaron a construir comunidad, a fortalecer la lógica familiar del futbol. No obstante, a medida que nos volvimos más desarrollados como país de la mano la lógica de mercado y consumo penetra fuertemente el espacio público y, en consecuencia, se ha desarrollado una excesiva individualidad que hoy portamos. Este fenómeno también ha afectado al fútbol. Desde la decada de los 2000 se instaló el paradigma de las sociedades anónimas de administración de clubes deportivo, del consumo de marcas que representan cada equipo, y en definitiva el desarrollo de consumidores más que ciudadanos que disfrutan del deporte más popular del mundo.

 

Respecto el espectáculo y su impacto en la sociedad, las cabalas están de retirada, las familias fueron erradicadas de los estadios y no así la materia más oscura de los clubes, las barras bravas. Por consiguiente, la inseguridad ha tomado palco oficial.

 

El fútbol no es un hecho aislado en nuestra sociedad, si hacemos un rastreo de procesos nos daremos cuenta que incluso ha sido determinante en variables políticas y sociales de nuestro país. La comunidad le debe grandes momentos de alegria al futbol, así como también algunos de tristeza, sin embargo, siempre de la mano de los unos con los otros, sin barreras ni animadversiones. Se anhela ese reencuentro, donde el fútbol también era parte del rito familiar y comunitario.

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