Opiniones
OPINIÓN: Semblanza del Cardenal. Documento de Análisis CEM N° 3.

Por Sergio Casanova R.

 Le preguntó por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»

Evangelio según san Juan, 21,17

 Recuerdos de un Pastor, un buen Pastor.

Caminaba por los jardines de Punta de Tralca, cuando tenía 5 a 6 años, estaba en las ensoñaciones de un niño, buscando todo aquello hermoso que Dios a través de la naturaleza nos regalaba, y veo a un hombre mayor, vestido de forma muy extraña, lo era para la mente de un niño. Me llamó la atención, compartía mis mismas ensoñaciones, la admiración por lo bonito de las flores que adornaban aquel jardín. Me acerco para inquirirlo, ¿cómo él tenía mis mismas admiraciones a pesar de su edad?, él con un gesto muy paternal me dice, que eso Dios lo regalaba para admiración muy especialmente para los niños, pero el problema, que los hombres, muy prontamente olvidaban ser como niños.

Aquel hombre, era el Cardenal Raúl Silva Henríquez, en aquella época, pesaba sobre sus hombros el reciente golpe de Estado dado por los militares, y le costaba convencerse de lo enfrentado que estabas los chilenos, algunos , con un odio visceral, no trepidaron en balear la casa de quien escribe este artículo, se avecinaba la tragedia de perder la democracia.

Pero no perdió el tiempo, él sabía que esos militares no sabían de democracia y los derechos que promovía y protegía aquel sistema político, y rápidamente puso en marcha mecanismos que permitieran la protección de derechos esenciales, como el derecho a la vida. Desde el Arzobispado, a su personal de más confianza le dio la tarea de coordinar con las parroquias el refugio de los perseguidos, tiempo después aparecería el Comité ProPaz y posteriormente la Vicaría de la Solidaridad, la primera en compañía de otras confesiones religiosas, y la segunda se transformaría en la principal muralla de contención de la violación de los derechos humanos en el Chile de la dictadura.

Este Pastor, fue un actor clave de parte importante de la segunda mitad del Siglo XX. En la Iglesia soplaban tiempos de cambios, “dejad que entre nuevos aires a la Iglesia” decía el gran Ángelo Roncalli y convocaba un Concilio Ecuménico,donde se escucharía la voz de los Pastores de todo el orbe. Emergían las lenguas vernáculas en las liturgias en todo el mundo, y el Pastor de Santiago, tanto fue voz en dicho encuentro, como le tocó implementar todo lo resuelto en aquella cita planetaria.

Este buen Pastor, fue un activo promotor del cuerpo de Cristo, en palabras del Apóstol, él sabía mejor que nadie, que las personas estaban muchísimo más protegidas en el calor de la comunidad que cada cual por su lado, y volcó toda su labor pastoral en fundar y respaldar todo tipo de organizaciones; cooperativas, sindicatos, gremios, etc.

Todavía le dolía Chile, esos largos 17 años de la dictadura , no fueron óbice para desarrollar su labor, conocedor de su grey, sufriente, protegía a todos, como el buen samaritano. La hecatombe económica dejada por la unidad popular, sirvió como argumento para la entrada de los chicagos boys, con la aplicación de una agenda económica muy dura, una vez más, eran sus ovejas las que pagaban el precio. Pero no iban a sorprender  al Pastor lejos de sus ovejas, la Iglesia, su Iglesia, se convertía así en el comedor de Chile, él como Buen Pastor, lideraba un selecto grupo de pastores, que desde la Conferencia Episcopal estaban al lado del Chile sufriente, la Iglesia abre sus puertas de par en par para promover y albergar todo tipo de organizaciones; comedores populares, organizaciones agrarias, sindicatos, que se refugiaron en la Iglesia, pues eran perseguidos por la dictadura.

Su legado lo recogen múltiples instituciones; universidades, cooperativas, un banco de origen cooperativo, cooperativas de vivienda, y así un conjunto de organizaciones promovidas por él a la luz de su inspiración evangélica.

Las palabras de este artículo nacen, no de una rigurosa selección historiográfica del Cardenal, sino de la memoria de una persona que vivió muy de cerca al hombre, al Pastor, tanto así, que llevo mi segundo nombre en homenaje a él, puesto que mi vida quedó marcada por la cercanía de mi padre, como hombre de confianza del Cardenal.

Sergio Raúl Casanova Riffo

Santiago, 05 de abril del 2019

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