5 de octubre. El cumpleaños de Camila y el triunfo del NO.
Ideas (textos)
5 de octubre. El cumpleaños de Camila y el triunfo del NO.

Es sábado por la mañana, Camila recibe un llamado de Pedro su papá, para saludarla por su cumpleaños número 31. Nació el 5 de octubre de 1988. Acordaron juntarse durante la tarde, para celebrar en casa de la mamá de Camila. Sus padres están separados. Acto seguido, María José su madre, la llama también para saludarla y se ponen a organizar la celebración de la tarde.

A eso de las 19 horas llegan los invitados al cumpleaños, fundamentalmente la familia de Camila, arriban los abuelos paternos y maternos, algunos tíos y tías, primos y primas.

Todo transcurre normal, como cualquier cumpleaños en Chile, no pudiendo faltar la torta y una taza de te. Una vez ya se han retirado la mayoría de los comensales, quedan finalmente los padres de Camila, los que de forma muy coloquial comienzan a recordar cuando ella nació, aparecen las fotografías de su infancia y adolescencia y, en torno a ellas comienzan a narrarle cómo ha ido cambiando Chile desde el día que ella nació.

Recuerda Pedro que en ese tiempo el país estaba dividido en dos opciones muy importantes, las que se refrendarían en un plebiscito el día que nacería Camila. En efecto, estaban los que apoyaban la opción que Pinochet continuara 8 años más como presidente, estos abogaban por el Si y, los que aspiraban que el Dictador dejara el poder, estaban por el No. María José señala, que ella había quedado “con cola”, porque su familia apoyaba la continuidad de Pinochet y ella, que era una estudiante de último año de derecho de la Universidad Católica, no tenía mala opinión del régimen, dado que se había criado en el seno de una familia clase media, donde el padre de familia era un funcionario bancario, tenía muy mala opinión del gobierno de Allende, era anti comunista y creía que Pinochet había salvado Chile. María José se había criado en ese entorno y en la Universidad sólo miraba desde lejos los estudiantes que se oponían al régimen liderados por jóvenes demócrata cristianos y, algunos socialistas, quienes habían ganado durante los últimos años la Federación de estudiantes, como también había ocurrido en casi todos las Federaciones estudiantiles de Chile. Sin embargo, de alguna forma tangencial ella se había vinculado al gremialismo, pero no participaba de forma activa.

Por su parte Pedro, era estudiante de ingeniería civil en la Universidad de Chile, había conocido a María José en casa de unos amigos comunes y de ahí se habían “enganchado”. Pedro era claramente de oposición a la dictadura, como él le llamaba. Su familia era de oposición. Su padre, de filiación socialista, estaba cesante como ocurría con 1 de cada 3 chilenos de la época y sólo se había salvado los últimos años con algunos trabajos esporádicos en lo que había sido el Plan de Empleo Mínimo (PEM) y El Programa de Ocupación para Jefes de Hogar (POJH), por tanto el abuelo de Camila y su familia habían estado los últimos años bajo la línea de la pobreza, como el resto del 80% de los chilenos, si la pobreza se midiera con parámetros actuales, le comentaba Pedro a su treintañera hija.

Por su parte la abuela paterna de Camila, era una militante histórica de la democracia cristiana y había marchado en la Marcha de la Patria Joven, se había involucrado en la campaña del No al igual que Pedro, pero este último debía hacerlo con cierto cuidado, dado que como su pareja y futura esposa María José se encontraba embarazada, habían tenido que irse de allegados a la casa de los papás de María José, y como ya le habían contado a Camila, sus abuelos maternos eran pinochetistas.

La joven pareja era parte del alto porcentaje de chilenos que estaban de allegados, cuestión que en aquella época era normal, dado que el déficit habitacional en 1988 era de 900 mil viviendas. A lo anterior se le sumaba que muchas familias vivían en lo que se denominaba poblaciones callampas, lo que hoy llamamos campamentos. María José le comentaba que ella no percibía mucho la pobreza dado que se movía entre su casa, en una comuna de clase media alta de Santiago y la Universidad, pero con los años se fue enterando de muchas cosas. Pedro, por su parte, le contaba que Chile era un país pobre, el número 6 en América Latina muy por debajo de las entonces potencias Venezuela y sus petrodólares y, Argentina con su riqueza agrícola, éstos últimos eran los turistas número 1 en Chile, nos llamaban peyorativamente “chilenitos”. De hecho, éramos un país pobre, donde ellos veraneaban, sobre todo en las playas de Viña del Mar. María José y Pedro coincidían que más allá de la pobreza, las violaciones a los derechos humanos, la inflación, la falta de libertades públicas y derechos civiles, lo más complejo era la división del país entre dos bandos, los que desde sus distintas veredas se miraban como enemigos. Entre nosotros, coincidían los padres, tratábamos de no hablar mucho de política, pero lo cierto es que una vez que ganó el No, el país comenzó a cambiar. Algo así había ocurrido el 87, cuando el Papa Juan Pablo II visitó Chile. A modo de broma, Pedro señalaba que esos días, los pacos se comportaban de forma civilizada con los estudiantes y “no nos aporreaban tanto”.

Camila, inquisitiva, quería saber cómo era ese Chile dividido entre buenos y malos, entre izquierda y derecha. Ambos padres coincidían que era un país, además de pobre y oscuro, con una división imposible de hacer dialogar. Sin embargo, prosiguió María José, llegó la democracia, un nuevo gobierno de centro izquierda, alianza entre demócrata cristianos y socialistas que por primera vez iba a gobernar Chile. El experimento tenía pronóstico reservado, debido a que los partidarios de Pinochet, en una primera etapa, esperaban que fracasara el nuevo gobierno, estando seguros de que esta alianza no iba a durar mucho y pronosticaban un caos. No obstante, Sin embargo, a poco andar, esa percepción fue cambiando, dado que el primer presidente, Patricio Aylwin inauguró, por una parte, una nueva política, la de los “consensos» y, por otra, instauró una forma de pacto social que él llamó “crecimiento con equidad”. Fue así como desde 1990 hasta el 2000, Chile duplicó su producto interno bruto histórico, redujo la pobreza en dos tercios, pasó a ser número uno en per cápita en América Latina y concretó una serie de acuerdos comerciales que son de gran beneficio hasta hoy día. Camila les recordó que ella había sabido un poco más del viejo presidente Aylwin, cuando éste había muerto hace unos años atrás y vio cómo millones de personas lo habían despedido con un cariño entrañable. Efectivamente, señaló su madre, Aylwin nos fue conquistando a muchos que veníamos de la derecha, sobre todo por la reconciliación que él prodigaba y, de hecho, yo voté por Frei en la segunda elección presidencial y, por un tiempo me acerqué a la DC, hasta que ese partido se izquierdizó, fue cuando se terminó la Concertación. Creo, asintió Pedro que, desde ese momento los chilenos comenzamos nuevamente a polarizarnos, a volver a la intolerancia.

Camila les señaló a sus papás que había escuchado de algunos colegas médicos, que “la alegría nunca había llegado”, ambos padres coincidieron que eso no era tan certero. Debes recordar le señaló Pedro, que Chile salía de una dictadura, con varios enclaves autoritarios, que duraron la década de los ´90 del siglo pasado, además de la pobreza, la precaria infraestructura de obras públicas, sólo por darte un dato, en la dictadura no se construyó ningún hospital. En fin, Chile era un país de medianía de la tabla, pobre y además muy dividido. Eso sí, asentó María José, durante la década de los ´90´Chile, se convirtió en el primer país en América Latina, no sólo en superar la pobreza, y en el per cápita, sino que además en educación y en salud, estaba dentro de los mejores. A qué se debió esto interpela Camila, ya te lo hemos señalado responde María José, a lo que fueron los gobiernos de la Concertación y la doctrina Aylwin de crecimiento con equidad y al llamado a reconciliación que este presidente hiciera, junto con lo que se denominó la política de los consensos que le hizo bien al país. Lamentablemente, interrumpió Pedro, hacia fines de la primera década de los 2000 eso se terminó y hemos regresado peligrosamente a no escucharnos, a dividirnos entre amigos y enemigos, a las trincheras políticas y a transitar sobre la cornisa del populismo y los proyectos totalizantes.

Ya eran cerca de las 11 de la noche, madre e hija se habían comprometido para ir, el día siguiente, a la misa de las 12:00. Por su parte, el padre se juntaría con amigos a jugar su dominguera pichanga de baby futbol, por tanto, se comienzan a despedir, de forma muy cordial. Pedro y María José se abrazan. Luego Camila los encamina a la puerta del ascensor. Fue en este instante en que ella les señala a sus padres, que se siente orgullosa de su país, de la forma en que éste recuperó la democracia sólo con un lápiz y que ella tratará de involucrarse más, para contribuir desde sus medios a que Chile vaya dejando la intolerancia y vuelva a abrazarse con esa rica historia del reencuentro de la democracia. Pedro la mira con ojos de padre y le señala: efectivamente hija, es como alguna vez dijo el presidente Aylwin en el Estadio Nacional “Sí compatriotas, Chile es uno solo”.

 

Andrés Jouannet Valderrama

Prof. del Instituto de Ciencia Polítia Universidad Católica Chile

Dr. en Ciencia Política de la Universidad de Heidelberg

VER DOCUMENTO AQUÍ

 

 

 

prev
next