Opiniones
OPINIÓN: Retito del Pacto de Bogotá

Autor: Soledad Alvear V.; Nelson Hadad H.; Hugo Llanos M.; Edgardo Riveros M.; Samuel Fernández I.
Medio: El Mercurio
6 de septiembre de 2018

Señor Director:

Nos referimos a la columna del 1 de septiembre en la que se reitera el retiro del Pacto de Bogotá, conocido como el Tratado Americano de Solución Pacífica de las Controversias de 1948.

Cabe insistir en la inoportunidad de dicha pretensión cuando estamos ad portas de conocer el fallo de la Corte. La prudencia aconseja que dicho debate tenga lugar después de conocida la sentencia. Ello podría dar margen a una percepción de una derrota anticipada y un mensaje de desconfianza hacia la Corte que constituye el principal órgano judicial de Naciones Unidas.

Del mismo modo, parecería insensato, bajo la estridencia nacionalista, amenazar con el desconocimiento del fallo, vulnerando el artículo 94 de la Carta de ONU que obliga a los Estados a cumplir las decisiones del Tribunal. La presentación de una demanda reconvencional de Bolivia respecto al juicio sobre el río Silala implica esperar la resolución de la Corte respecto de su trámite procesal, pudiendo disponer la acumulación de autos conforme al Reglamento de la Corte.

La referencia al artículo 267 de la nueva Constitución boliviana resulta inoponible conforme al principio Pacta Sunt Servanda , que obliga a las partes a cumplir los tratados de buena fe, y el artículo 27 de la Convención de Viena sobre El Derecho de los Tratados de 1969 prohíbe la invocación del derecho interno como justificación del incumplimiento de un tratado.

Por ello resulta temeraria la advertencia de la columna en comento en cuanto a «que la soberanía se defiende con todos los recursos legítimos del poder». Debemos recordar que el recurso a la fuerza o la amenaza de la fuerza está expresamente prohibido en el artículo 2.3 de la Carta de ONU, que proclama que los Estados arreglarán sus diferencias por medios pacíficos conforme al Derecho Internacional, y dicha conducta no puede significar ningún tipo de debilidad política. Chile es un país con vocación de paz y su Política Exterior promueve como uno de sus ejes conductores la solución pacífica de las controversias. La denuncia del Pacto tampoco impediría que en el año siguiente se puedan multiplicar las demandas contra Chile.

El interés superior del país demanda hoy mantener un sentido de unidad nacional en la defensa de nuestra soberanía y exige de todos la máxima serenidad y responsabilidad.

(Link al artículo en El Mercurio)

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